¿Qué es el fútbol?

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¿Qué es para ti el fútbol? Pregunta un periodista nobel en la busca de una respuesta diferente en busca de un periodismo más allá de la situación financiera del balón de oro de turno.

El fútbol es ganar la Champions. Responde un jugador.

Para mí el fútbol es ir al estadio los domingos Responde  un hincha.

Es  llevar la camiseta de mi equipo el día del partido. Dirá otro.

Para mí el fútbol no es ganar la Champions (quizá porque mi equipo no la ha ganado nunca), ni tener al mejor jugador del mundo, que le den la Bota de Oro, y que en cualquier lugar del mundo encuentres a una persona que también defiende los mismos colores que tú.

Fútbol no es levantar la cabeza de la almohada el lunes después de una derrota ante el eterno rival y enfundarte la camiseta, tampoco es cantar a coro con miles de personas la victoria de tu equipo, para mí el fútbol no es ni siquiera rezar abrazado a una bufanda, llorarle a una bandera y besar el escudo. Eso es otra cosa que va más allá de el fútbol.

Para mí fútbol eran las mañanas de sábado, levantarme a las seis y media de la mañana para salir en pantalón corto bajo un frío helador, a darle patadas a una pelota.

Fútbol era jugar en un campo de tierra con un balón Mikasa que apenas podías levantar del suelo, y cómo dolían sus pelotazos. Fútbol era ese cosquilleo en el estómago, tan parecido al miedo escénico, antes de un partido, era volver a casa cabizbajo, con las rodillas ensangrentadas y todo manchado de barro, para estar todo el fin de semana de mal humor por haber vuelto a perder. ¿Por qué no lo dejas? decía mi madre cada sábado Si siempre perdéis y vienes enfadada. Y seguir jugando.

Para mí el fútbol era que el portero cumpliera trece años y os metieran trece goles, y que en el vestuario de unos niños, ¡de unos niños de trece años! No se oyera ni el ruido de una mosca. El fútbol era celebrar una victoria como si hubieras ganado la Liga, la camaradería de un portero rival al que tiras al suelo en un córner y te choca la mano diciendo Buena rodada. Fútbol es quitarte la venda al salir del médico y salir corriendo al entrenamiento aunque duela porque quieres ser titular.

Quiero defender lo que, para mí, es el fútbol. Ese deporte inocente que juegan los niños, que todos hemos jugado en la calle, que todos hemos visto en los campos, un tiempo atrás. El fútbol es apoyar a tu equipo, es alegrarte de la victoria y llorar por la derrota, es acercarte al delantero rival al final del partido y decirle Enhorabuena cabrón, menudo partido me has dado.

Fútbol no son anuncios televisivos, no son chinos ni jeques árabes, no son cláusulas de rescisión ni mercado de invierno. Eso, como su nombre dice, es el mercado del fútbol. El aficionado de antes, si quería ver compra venta, se iba al mercado a comprar verduras, dejaba la compra, y se iba al campo a chillar por su equipo.

El fútbol no es el peinado del pichichi de turno, el fútbol no es política, ni una revista del corazón, no nos interesa a qué partido votan los jugadores, ni qué hacen cuando se quitan las botas, ni con quien se acuestan. El fútbol no es lo que algunos llaman “el fútbol moderno”. El fútbol moderno es al fútbol lo que Amunike a Maradona. Y en este mundo de la mercadotencia  se ha olvidado lo esencial, en algún punto se ha perdido la esencia y lo que hoy tenemos, con corruptos en la FIFA, goles que se anuncian por tecnología 3D, y multimillonarios que se convierten en dictadores, éso, ya no puede llamarse fútbol.

“¿Qué es fútbol? Eso no se pregunta, amigo, simplemente te das cuenta cuando empieza tu vida y juegas por primera vez al fútbol.”

Salvador Martínez

 

Lealtad a tu club

¿Qué le debe un jugador a su antiguo club?

En cada sorteo de eliminatorias los periodistas se frotan las manos esperando el choque con más morbo: el antiguo entrenador y el club que ahora vuela sin él, el delantero y el equipo del que marchó en medio del odio y un gran barullo, el jugador que vuelve a pisar el césped donde corría desde antes de hacerse hombre… El cruce que levante más ampollas se ganará más líneas en la prensa que los equipos de mitad de la tabla.

Hoy es uno de tantos esos días en los que nos cuestionamos el porqué de esta situación. ¿Sienten los jugadores ese cosquilleo especial antes de volver a casa? ¿Es de verdad tan importante como dicen en los noticiarios? ¿Qué le debe un jugador a un club donde ya no milita? Son tan diferentes los casos en que un jugador se enfrenta a su ex equipo que es imposible generalizarlo, aunque cada vez sea más habitual el odio entre ex jugador y la grada.

Estos días se está hablando del respeto que un jugador le debe a su ex equipo. No se le pide que no marque, el gol sigue siendo su trabajo, pero sí hay una regla no escrita que dice que los goles a tu antiguo equipo no se celebran. Nadie lo ha dicho, no es una norma, pero es lo que se hace: enviar el balón al fondo de la red, agachar la cabeza, abrazar a tus compañeros y regresar a tu mitad de la cancha. Muchos de los jugadores incluso piden perdón por el gol, por hacer daño al equipo que tanto les quiso.

La pregunta de la semana quizá sea dónde está el límite, si es obligatorio no celebrar tu gol, si la costumbre ahora obliga a pedir perdón y no hacerlo es una falta de respeto.¿Es Ramos un traidor por tirar un penalti a lo Panenka en el Sánchez Pizjuán? ¿Y si luego pide perdón a la grada? ¿A una grada que lleva años pitándole y en una ocasión enarboló un cartelón diciendo “Ramos un apellido dos hijos de puta”? ¿Y que corea pidiendo tu muerte?

Quizá el respeto o la falta de ello lo dicta el trato que la afición dé en la ausencia, o la forma en que el jugador deje el club. O tal vez sea la moral de cada uno, si es o no una falta de respeto una espaldinha, un caño, jugar un rondo y adornar el juego cuando vas ganando. O puede que ésa sea ya una parte intrínseca alo que llamamos el fútbol moderno. Pero eso ya es otro tema del que hablaremos en otra ocasión.

No debería existir en el fútbol un jugador que olvide cuándo le debe a su antiguo equipo, que se burle, y desprecie lo que fueve tiempo atrás. Pero tampoco debería existir afición que haga pancarta ninguna en contra de un jugador, del equipo que sea. Que la grada pite, a los suyos, a los contrarios, al árbitro, pero nunca debería insultar a nadie.Y si lo hace, debería ser el club, y no la FIFA, el primero en limpiar de escoria su casa.

Y para vosotros, ¿cuál de las partes es la culpable?

2016, un año de fútbol gris

 

Resulta difícil, en el mundo del fútbol, hacer un resumen de fin de año, teniendo el fin de temporada en verano, pero quizá este año sea más sencillo para Siempre el 8, ha sido un año lleno de emoción futbolística, con muchas sorpresas, como la que dio el Leicester en la Premier, y en general una tónica amarga, especialmente en el caso del Atlético, que perdió su segunda final de Champions consecutiva, pero también para Argentina y Francia, que perdieron la Copa América y Eurocopa; y especialmente turbulenta para el Zaragoza, que ha vivido un año lleno de cambios.

El Atlético comenzó enero en la cumbre, en lo alto de la tabla con un equipo que aspiraba a todo y en la Champions parecía comerse el mundo. Sin embargo unos tropiezos a final de temporada lo dejaron a las puertas de la Liga. No importaba, volvimos a llegar a la final de la competición más esperada, y dos años después volvimos a encontrarnos con el eterno rival. Os lo contamos, en la previa y en el postpartido. El Real Madrid nos arrebataba de nuevo el sueño, de forma aún más cruel si es que era posible y acabamos llorando, abrazados a nuestras bufandas rojiblancas mientras veíamos cómo un Juanfran destrozado pedía perdón a una grada que le ovacionaba.juanfran-llora

El Atlético se levantó, comenzó a pensar como un equipo grande y blindó a sus estrellas, llegaron grandes promesas, Gameiro, Gaitán, Vrsaljko. Y latido a latido no bajó la cabeza más que para besar su escudo, se colocó en el liderato en los primeros compases de Liga, y celebró el 50 cumpleaños del Calderón, que ya sonaba a compás de despedida.la-3g-de-l-atletico-gaitan-griezmann-et-gameiro

A raíz de ahí se empezó a torcer el rumbo. Un empate ante el Barcelona, llegaron las derrotas ante grandes rivales como el Sevilla, o el eterno compañero de mesa, y mientras las chicas se estrenaban en el Calderón.

Tan sólo es el final de 2016, un año como tantos otros, en los que el Atlético nos ha tenido entre la gloria y el infierno, infartando los corazones en la ribera del Manzanares. Aunque esto, esta vez, sí que será su última oportunidad de hacerlo.

No muy lejos de Madrid, en Zaragoza, este año no ha sido fácil. 3 entrenadores, 2 directores deportivos, una gran limpieza en junio y una noche para olvidar, la del 5 de junio. Aquello que se nos escapó

Mientras, el eterno rival, el Osasuna, volvía a Primera y los zaragocistas aún estaban más enfadados.

Con la revolución de fichajes en la ciudad de Ebro volvieron dos de los grandes jugadores a casa: Zapater y Cani, para intentar levantar un barco hundido moral y deportivamente. Siempreel8 estuvo en la presentación de Cani: https://www.youtube.com/watch?v=5haQ5UgIa40 

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A principios de liga estuvieron durante 2 jornadas líderes de Segunda, pero eso es Zaragoza y como no era de extrañar, duraría poco.

En Inglaterra vimos al Leicester celebrar desde la casa de uno de los jugadores su primera liga. La copa de la Premier días más tarde era levantada por los “foxes”. Ganaba un equipo humilde, llegado recientemente de segunda división y se hacía conocido al menos en el continente europeo.

En verano se celebraba la Copa América y Argentina volvía a perder una final, después de Brasil. Higuaín volvió a ser diana de bromas y críticas por fallar otro penalti y dejar a los suyos sin título, Messi decidió que era momento de retirarse de la selección, aunque volvió meses después.Todos seguimos acordándonos del plano corto del astro con lágrimas tras la derrota.

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A mitad de verano la selección de Portugal ganaba la Eurocopa y Griezmann perdía otra final consecutiva en 1 mes. A finales de agosto Las Palmas fue momentáneamente líder de la liga Santander. Un equipo que ya había salido en las noticias y en boca de todos los aficionados al fútbol por comprar a Kevin Boateng en el mercado de verano.

En noviembre, la noche del 28 al 29 fallecían los jugadores de Chapecoense, en un accidente de avión. El 27 de diciembre algunos jugadores de un equipo de Uganda perdían la vida en otro accidente, esta vez en el mar. Momentos humanos díficiles para el mundo del fútbol y del deporte en general.

El mítico Johan Cruyff nos dejaba en marzo, Cesare Maldini y Carlos Alberto también lo hicieron este 2016.

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Un año nada fácil para el mundo del fútbol. Ha habido muchos momentos de reflexión a lo largo de estos 12 meses pero por más que se nos resista este deporte, siempre volvemos, más pronto o más temprano a su lado. Por más que nos haga llorar o replantearnos muchas cosas acabamos volviendo a él pensando que algún día lloraremos de alegría y no de tanta tragedia. El corazón lo que quiere son goles a favor y copas levantadas nada de accidentes de ninguna clase.

Esperemos que este 2017 que está a punto de llegar nos sea más favorable y nos regale más sonrisas al lado del deporte que más queremos.

Empezar a decir adiós

2 de octubre de 1966.

El club Atlético de Madrid inaugura su nuevo estadio, el Estadio del Manzanares, contra el Valencia. Cincuenta años hace de esa fecha cuando, no podía ser otro, Don Luis Aragonés lleva el primer balón al fondo de la red de esta nueva casa. Casa que será conocida por el nombre del río que la baña hasta adoptar el nombre que hoy conocemos, en honor al presidente que logró sacar al club (perdón, al SAD) de la crisis económica y el atasco en el traslado a este nuevo estadio, Don Vicente Calderón.panoramica79

Una situación, la de los años 60 del siglo pasado, que vuelve a repetirse cincuenta años después, una eterna reforma del estadio, la nostalgia de los aficionados que se resisten a abandonarlo y una figura poderosa, un empresario, que da el empujón definitivo que permite a la tropa india mudarse a un estadio más grande, mas moderno, mas cómodo… Y que llevará su nombre. ¿Darán los años al señor Wanda el mismo reconocimiento que a Don Vicente Calderón? ¿O quizá seguiremos con esta eterna nostalgia melancólica, como tantos otros equipos, pensando que todo tiempo pasado fue mejor? Quizá es porque nuestro templo del Manzanares es el único estadio que ha conocido esta servidora, pero no dejo de imaginar a los atléticos en meses, en un año, dos, diez, enjugándose con disimulo una lágrima al pasar por esa esquina de la M-30, bordeando el Manzanares.

En la vida se celebran muchos cumpleaños, se celebran con ilusión, con una pequeña, fiesta, con regalos pero, lo más importante, rodeado de los tuyos. Sin embargo, ¿cuántas veces celebramos nuestro cumpleaños sabiendo que va a ser el último? Pocas, muy pocas, ninguna, salvo que seamos Gabriel García Márquez en Crónica de una muerte anunciada. Y eso nos ha ocurrido con el Vicente Calderón. El Calderón cumplió cincuenta años de historia, por si alguien aún no se enteró, se hizo una gran fiesta durante todo el fin de semana y el equipo le regaló el liderato, que no duró mucho.

Será su último año, al menos su último año de vida útil, antes de enviarlo al asilo mientras envejece y esperamos a que muera y lleguen las excavadoras a llevarse piedra a piedra nuestro Campo de sueños particular.

Qué irónico que el himno del centenario del Atlético hable tanto de un estadio que se quedará en la mitad de siglo de vida.nunca-dejes-de-creer

“Para entender lo que pasa hay que haber llorado dentro del Calderón, que es mi casa.”

Y ya está, ¿no? Los rojiblancos harán las maletas y se mudarán a una nueva casa, a una Peineta de nombre monetario, al estadio Wanda Metropolitano, que aún está a medio vestir, pero se prevé que sea un estadio de los que hacen historia, modernos, con un  juego de luces rojiblancas que impresionan desde la distancia, y que planean hacer del estadio uno de los centros europeos de la magia del fútbol. De todas maneras, tan sólo ha cumplido cincuenta años el estadio, no hace tanto tiempo que el Atleti lucha en el Calderón.

“O del Metropolitano donde lloraba mi abuelo con mi papá de la mano.” ninoatleti-vicentecalderon-viajesfutbolerosbn

Quienes tengáis familia atlética os contarán, con nostalgia en los ojos, historias de tardes de domingo en el Metropolitano, ya desaparecido estadio en Cuatro Caminos. Muchos de vosotros, como Fernando Torres, tendréis un abuelo lejos de la Tierra que tendría que enjugarse las lágrimas al veros gritar en el nuevo Metropolitano, como hicieron ellos en el antiguo.

“Paseo de los Melancólicos, Manzanares, cuánto te quiero.”

Y seremos nosotros quienes hablemos a nuestros hijos de un mítico estadio en el que creímos, en el que lloramos, en el que cantamos. Hablaremos del Calderón como una nostálgica época del pasado cuando pasemos con el coche por ese pedacito de la M-30.

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“Como los indios okupas que acampan con sus banderas en la ribera del Pupas.”

Cuando paseemos junto al río, les contaremos a nuestros hijos cuán acertado era a veces salir del estadio caminar con la cabeza gacha por el Paseo de los Melancólicos y evocaremos su figura en el horizonte desde el puente de Toledo, donde tantas veces nos quedamos atascados en una marea de gente, mientras cantábamos el himno.

“Infartando en la ribera del Manzanares los corazones.”

Cada semana, cada partido es una despedida, el último derbi de Liga en el Calderón, el último partido del año, la última Navidad, el último mayo… Un día, dentro de muy poco tiempo, cuando llegue la primavera, ocurrirá, como aquella primera vez que visité nuestro templo, que una marea de gente cruce el río Manzanares y se paren, atascados entre la marea de gente en el puente. Alzaremos la vista atrás para mirar el estadio y, como aquella primera vez, miles de personas alcen sus voces para cantar, por última vez.

Yo me voy del Manzanares, del estadio Vicente Calderón.

 Suenan los últimos compases de un estadio que, latido a latido, va componiendo su despedida.

Sigue leyendo la despedida del Vicente Calderón en El adiós de las féminas

 

 

Las féminas juegan en el Calderón

wp-1481537310834.jpgLa cuenta atrás que comenzó a principio de temporada está cada vez más presente, un tic-tac agónico que sube en volumen cada domingo y aparece en la mente de cada atlético cuando menos se lo esperan.

Tic-tac.

Un domingo menos.

Tic-tac.

El último derbi de Liga.

Tic-tac.

La última Navidad en casa.

Entre permisos consistoriales, patrocinadores, obras de metro y nuevos nombres el nuevo estadio se introduce en nuestras vidas.

Tic-tac.

Las peñas visitan el nuevo estadio, los socios pueden reservar sus asientos.

Y se va llevando los restos del Calderón consigo.

Las féminas también quieren despedirse de la que podría haber sido su casa.

El Atlético féminas jugó el domingo contra el Barcelona, líder contra co-líder en una ocasión especial, porque fue la primera vez, y será la última, que las chicas colchoneras jueguen en el Calderón.

Cuando servidora era pequeña, y las niñas jugaban con ser veterinarias, o princesas, yo soñaba con ser profesional en el Atlético, enfundarme la rojiblanca cada domingo y salir a correr bajo los focos, rozando el césped con las manos, antes de pisar el Calderón. Sueños de niños, dicen. Porque en aquel entonces parecía inalcanzable que una niña que cada sábado llevaba la rojiblanca en los campos artificiales del Cotorruelo llegase a jugar en el templo. En aquella época, cuando hasta Milene Domínguez caía ya en el olvido, las féminas jugaban en el Cerro del Espino, como hasta ahora.

Quizá si hubiera puesto más esfuerzo, si hubiera corrido más en cada balón, si no fuera por las lesiones, si…

Hoy el Atlético féminas ha cumplido su sueño, y el de muchas personas que nos unimos para recibirlas, a la orilla del Manzanares.

La afición las recibió con los brazos abiertos, casi 14.000 personas esperando para entrar al estadio y los accesos desbordados.Y las chicas respondieron con creces venciendo al Barcelona para colocarse líderes.

Tic-tac.

Ellas también han tenido su despedida.

Tic-tac.

Wanda Metropolitano, un nuevo escudo y la promesa de una nueva época donde el Atlético se rinde al poder de Don Dinero.

Tic-tac.

Agosto se acerca.

El Atlético de Wanda

El Atlético de Madrid se muda de estadio. Lo sabíamos, hacía años que los rumores corrían y ya desde tiempos de la hinchada burbuja inmobiliaria los Cerezo y Gil se frotaban las manos pensando en cuánto podría valer un terreno junto al río, en aquella zona histórica tan cercana al centro de Madrid. Y la Peineta bueno, estaba mal aprovechada… podría servir.

No nos gustó la idea a los atléticos, sigue sin gustarnos que tengamos que hacer las maletas e irnos con las bufandas y banderas a otra parte.

Es por el bien del Club, nos repetimos. Nos van a dar mucho dinero para que dejen de quitarnos a los craks, para tener un estadio más grande, más bonito, más moderno, donde quepamos todos. Lo aceptamos con dolor, resignación y un poquito de ilusión.

Llegó Wanda a la vida de los atléticos. Y a su estadio. Mientras los socios clamaban por una votación para decidir el nombre del estadio y miles clamaban por un estadio Luis Aragonés, el Club… llevaba otro rumbo.

Estadio Wanda Metropolitano.

Decía Fernando Torres en la presentación del estadio que sí, que muchas gracias señor Wanda por su oro, y con lágrimas en la voz recordaba a su abuelo en el Metropolitano.Sí, Fernando, allá donde esté, a mi abuelo también se le saltarán las lágrimas al vernos ondear las banderas en el Metropolitano.

Pero a mí es el nombre propio el que me molesta, y no dejo de pensar que nos hemos vendido, que qué pinta ahí Wanda, que en esta máquina apisonadora que se ha convertido el negocio del futbol el dinero pesa mucho más que el corazón. Y el Atleti, señores, sin corazón está perdido.

Llegó la sorpresa, llegó lo que nadie esperaba. El Atlético deja su casa, su alma, abandona su ribera del Manzanares, su himno (porque dolerá en el alma entonar aquel yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón desde un campo que no es el templo, ¿o nos cambiarán el himno? ¿O volveremos al himno del Metropolitano?), se vende al peso… y le cambian la cara. Se anuncia el nuevo escudo del Club Atlético de Madrid SAD.

 
Se curva hacia arriba el techo del escudo, las estrellas se superponen como pegadas con pegamento y el oso cambia de sitio. Dicen que es un escudo más ligero, más dinámico y uniforme, más moderno. Dicen, dicen… Dicen que desde que llegó Wanda a la ciudad de Madrid los madroños no son marrones y verdes sino azules, y que en su honor la Osa Mayor ha ordenado a sus oseznos teñir sus pelambres del color del cielo. Dicen… que el nuevo oso se esconde tras el nuevo madroño para que, desde nuestro escudo, el oso pardo no lo vea.

Da igual, en realidad, lo que se diga, porque la realidad sólo es una, y  es que nuestro Atleti no es un club, sino una SAD, en la que los aficionados lloran, ríen, cantan hasta dejarse la voz, sueñan, creen y protagonizan anuncios, pero en el seno de su casa, no tienen ni voz ni voto.

Saúl Ñíguez

Recibe el balón en el círculo central del campo, el equipo está descolocado, la defensa rival en su sitio.  Es un bajito que lleva la rojiblanca con el 8 a la espalda, nada que temer de un chaval que apenas ha destacado. Hasta que su bota acaricia el balón.

Finta a la derecha, arranca la carrera hacia la portería y deja atrás a su marca que le sigue, que no se atreve a hacer falta, incapaz de rozar el balón. Lo esconde, mira alrededor y se ve rodeado de contrarios. Sigue , finta de nuevo y se encuentra al borde del área, con tres rivales a los flancos, cerrando el espacio. O lo cerraban, porque el colchonero dribla y hace un siete a la defensa alemana, que una semana después siguen preguntándose por dónde se coló la lagartija.

Tan sólo quedan dos, central y portero, que le separan de la red, se enfrenta al defensa, que bloca el paso; pero el chico no se rinde, finta, esconde la bola y busca el hueco imposible para cruzar un disparo y mandar el balón al fondo de la red y dejar con la boca abierta a media Europa.

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Es Saúl Ñiguez, centrocampista, delantero, media punta, extremo, defensa. Es el chico de moda desde aquella noche de Champions, lo mismo corre sesenta metros para robar un balón al rival y lanzar el contragolpe que remata un córner con precisión digna del mismo Godín.

Tiene 21 añitos, es internacional indiscutible con la rojita y debutado con la Absoluta, es un jugón, como hubiera dicho Andrés Montes, es colchonero y bien podría ser Oliver Atom cuando se encuentra con su amigo el balón. En Siempre el 8 hemos tenido acceso a la nevera de Saúl y podemos asegurar que desayuna Cereales al contragolpe, come remates a puerta con patatas y cena esa carne especiada con la magia del fútbol acompañada de un vaso de Cholismo. Y es que en casa son futbolistas padre, Saúl y los otros dos Ñiguez.

Nacido en casa de fútbol, pertenece a las categorías inferiores del Atlético desde los trece años, donde creció y se hizo futbolista hasta llegar a debutar en la orilla del Manzanares nada menos que en un partido de UEFA contra el Besiktas. No siempre fue carne del Cerro del Espino, el ilicitano llegó a Madrid con billete de ida al Cerro del Espino, a la cantera rival, donde pasó dos años, algo amargos en lo extradeportivo. Tómense si quieren, amigos merengues, la licencia de decir que Ñiguez nació en su escuela. Fichajes imposibles, que dirían ahora, entre rivales de la capital, pero todo se le perdona a Saúl, hasta sus inicios madridistas.

Su sed inagotable de gol no encontraba hueco en la plantilla del primer equipo colchonero, y marchó cedido no muy lejos de casa, a las colinas vallecanas, donde fue una de las llaves que lograron la permanencia del Rayo en primera.

Corría el otoño de 2014 cuando el de Elche regresó al Calderón pisando fuerte, para convertirse en una de las piezas claves en el equipo del Cholo, y desde entonces no se deja de corear su nombre en la grada. Se erigió a sí mismo como compañero y sustituto de Koke, y su versatilidad acabó haciéndole un hueco en el verde partido a partido, cada domingo.

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Su arrojo y talento siempre le han tenido entre los jugadores más queridos de la afición, aunque no terminara de adaptarse al estilo de juego que el cuerpo técnico planteaba para este Atlético. Saúl es un jugador que lleva magia en las botas, que le cuesta despuntar y arrancarse, pero cuando el nuevo 8 rojiblanco dice vamos, que se preparen, porque el chico es todo un espectáculo del fútbol.
Costó encontrar un digno sucesor del gran Raúl García, ya lo advertíamos en su despedida, pero Saúl se ha hecho con la elástica, aún en contra del que parecía un sistema inamovible inherente al cholismo, el 4-4-2 con dos mediocentros defensivos, y aportando un granito más al espectáculo del fútbol.

Qué casualidad que de nuevo estemos hablando de un grande que porta en su espalda el número 8.

Por qué será, seguimos preguntándonos, que es Siempre el 8.

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España 8 Liechtenstein 0

El camino de Francia 2016 a Rusia 2018 es un largo trayecto… que la Roja se ha empeñado en empezar en quinta y pisando a fondo el acelerador. 

Primer partido clasificatorio para el Mundial de la nueva Selección, la de Lopetegui, y el balance no podía ser mejor: Ocho goles a favor, ninguno en contra.

Y es que esta Roja es un nuevo equipo, el Marqués ya no lidera el barco, y los viejos marineros van abandonando los puestos de mando a favor de nuevos grumetes hasta ahora desaparecidos. 

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Ya se mentaba en los bares y salones de España a la República de Malta y a aquella histórica gesta, en un partido que invita al entusiasmo, donde la nueva sangre marca el ritmo y ya no está Casillas, sustituido al fin por el relevo generacional de De Gea, para decirle al árbitro que basta ya, que ha sido suficiente.

Claro, que ni el partido era una final, ni el rival era la todopoderosa Italia (todavía).

Lopetegui ya presentó ante Bélgica su primer equipo oficial, y el bloque ha tenido pocos cambios desde entonces. Las cartas sobre la mesa, ha hecho suyo un grupo de jugadores indispensables, sobre el que se preveen pocas variaciones; atrás quedó el todos jugamos (salvo Reina) de Del Bosque y Aragonés. Piqué, Ramos, Alba, Silva y Busquets son las únicasviejas estrellas que sobreviven inalterables, y ni tan siquiera, puesto que Ramos ha tenido que ceder el poder casi indiscutible de los balones parados. Cuando regrese Iniesta, previsiblemente se incorporará a este grupo de los salvados.

Mientras tanto, De Gea, Thiago, Sergi Roberto, Koke y Morata se han convertido en las nuevas figuras que crean un equipo que en nada se parece al desastre Francés, y se asemeja más a la decadencia Brasileña o Sudafricana, un equipo que, en una resaca inversa propia del coche de Marty Mcfly, empieza a resurgir.

El partido abrió con una España espesa, el 4-4-2 con los laterales como dueños de las bandas, que tan bien había ncionado con Bélgica no daba resultado, y la Roja se atascaba ante el muro centroeuropeo.

Ante un equipo embotellado, solución Atlética: Falta cerca del área que bota Koke y cabecea Costa, enviando al fondo de la red el cuero y de paso las críticas por su vuelta a la Selección.

Después del gol sin embargo, España malgastaba la pólvora sin éxito ante el repliegue de Liechtenstein, hasta el intermedio, cuando el nuevo mister supo leer el encuentro, y cambió a Nolito por Thiago, subiendo a Sergi Roberto al centro del campo y dejando la defensa en tan sólo tres zagueros. Y vaya si funcionó el cambio, d minutos tardó la Roja en sacar provecho del nuevo asedio. En el 55 Sergi Roberto reabrió la lata, de la que se aprovecharon Silva, Vitolo, Costa y Morata.

Roberto, en su tercer partido como internacional con la absoluta, arrancó desde atrás para dejarnos un golazo que reabre el debate aún no cerrado entre los defensores de Carvajal y del propio Sergi. Alegría para unos…  tristeza para otros, con el descubrimiento de este lateral-carrilero Lopetegui ha dejado en el banco al rayito Juanfran, donde se espera que vea los partidos, entrando al verde como recambio.

Sigue también vivo, cómo no, el debate sobre el 9 de España, 9 sí, 9 no, falso 9, pero quién de 9… del que vamos a tener difícil librarnos. Frente a Bélgica el debate parecía claro: Morata, que se había reincorporado al Real Madrid con unos partidos brillantes, y arrancaba como goleador. Frente a Bélgica y aprovechando un dolor muscular que tenía en el banquillo al ex de la Juventus, Costa dio un golpe sobre la mesa. Doblete,un gran juego y declaraciones controvertidas, cn movimiento en el campo con o sin balón, acierto de cara a puerta y reivindicativo, parece volver el Costa que fue en el Atlético y que no llegamos a ver con los internacionales. Difícil lo tiene, se encargó Morata de contestarle, con dos goles en apenas minuto y medio, al borde del final del encuentro. Tenemos debate y lucha para rato, aunque esta vez una cosa queda clara, 9 sí. La duda es, ¿quién?

Goleada histórica para España en el feudo de León para recordar y revivir la magia del fútbol que parecía perdida. Una nueva España que parece renacer de las cenizas  (futbolísticamente hablando, que en otros temas seguimos atascados en el falso 9);justo a tiempo, porque a la vuelta de la esquina nos espera Italia, y ese sí que es un rival que puede echar chispas.

Croacia España 2-1

Acaba la fase de grupos de la Euro 2016 con un potente sabor amargo para los españoles. Después de un partidazo de libro de historia, del estilo de la Euro 2012, llegábamos con la moral alta, y dábamos por sentado que seríamos primeros de grupo, pudiendo empatar con una Croacia que tiraba de suplentes y dejaba en el banco a su estrella Modric.

El guión de Del Bosque funcionó los primeros 30 minutos, donde España dominaba, se gustaba y jugaba bien. Hasta marcó Morata, de nuevo tras una gran jugaba de equipo y combinación con Silva, para encaminar el feliz pase a octavos en la rama de la competición que evitaba, hasta la final, a los grandes de Europa.

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Pero tras el gol nada funcionó. Iniesta, por fin en el once de la jornada, algoritmos y guasas aparte, estaba más desaparecido que tapado por los rivales, Nolito no encontraba su sitio y Morata estaba más ocupado en pelearse con el árbitro y los centrales que en aumentar su ventaja como pichichi. ¿Y la defensa? En pañales, señores. Dejadme ser crítica: Tendremos una de las mejores defensas del mundo, sí, y unos de los mejores mediocentros defensivos, también; pero si todo el equipo ataca, si los laterales se convierten en extremos en 2 de cada 3 jugadas, y los centrales suben a rematar cual delanteros en el 40% de las ocasiones… ¿quién defiende?

Croacia nos cazaba con las enaguas por los tobillos ocasión tras ocasión, llegando a rematar dentro del área hasta en tres ocasiones en una misma jugada. Y nos permitíamos seguir subiendo, cueste lo que cueste, y seguir con los mismos once que comenzaron el primer partido en Francia.

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Cueste lo que cueste… costó el gol del empate, y también el que nos dejaba fuera del liderato. Los  croatas remataban casi a placer, aunque la creación del juego sea española, y ni Ramos pudo salvar la noche, mandando un penalti al centro de la portería, a las manos del guardameta croata.
El lunes, nos vemos con un viejo amigo, con un viejo enemigo. La selección azzurra, el viejo coco que en los últimos años se hizo chiquitito ante España, quizá el partido que en Siempre el 8 más temíamos y deseábamos ver, eso sí, en la final.
Como dicen ahora en medio mundo del fútbol, partido a partido, final a final.

Arranca la Euro 2016

Arranca el periplo de  España en la Eurocopa, con menos expectación de la esperada, casi nula comparada con la recibida años anteriores, en aquellos maravillosos años de copas, de los Xavi, Xabi, de los Torres, Villa y Aragonés. 

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El equipo es nuevo, tiene poco rodaje con la absoluta sobre sus botas, y se deja sentir, tanto en la afición como en el campo. Es un equipo con gran talento, “un equipo que ganaría cualquier liga europea con estos jugadores, y con margen de puntos”, como se han aficionado a decir los periodistas.

Pero no parte (ni de lejos) entre los favoritos.

Después del doble batacazo de Brasil España intenta levantar cabeza, y sale contra la República Checa en un once que destaca, el primero, con de Gea a la portería, que parece tomar el relevo definitivo de Casillas, con jovencitos queridos en toda Europa, como Nolito y Morata, al mando el ataque. En las bandas, tres puñales: el rayo rojiblanco, Juanfran, Jordi Alba, y el ya veterano (aunque esta vez no como revulsivo; al fin, pensarán muchos), Silva.

España arranca dominando, pero a trancas y barrancas, no es el juego de toque limpio y posesión absoluta de antaño, tampoco el aburrido tiki-taka; está intentando construir un nuevo estilo de juego, al igual que crece un equipo que tiene que empezar a caminar unido de nuevo.

Un tiro a puerta de la República Checa, que acaba sin demasiado peligro en manos de De Gea, es el único peligro que amenaza a los españoles en los primeros cincuenta minutos. Por parte de la Roja, Un remate de Morata tras una gran combinación de Juanfran y Silva, que se estrella contra el muñeco (jamás se hizo tan digno elogio al gremio de la juguetería, que llamar al gran Peter Cech muñeco), y otra de Jordi Alba que acaba desviada al córner.

En la segunda parte parece dominar España, y el gol se masca en un encuentro uno contra uno en el que Ramos no consigue mandar el balón al fondo de la red. Es entonces cuando los checos se vienen arriba y amenazan la estabilidad española, que debe tirar de un incansable Iniesta que salve los bajos de un buen susto, alternando los sprints en defensa con amenazas a la portería de Cech, Sin duda, sigue siendo el alma y motor del equipo.

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Resta media hora de partido y Del Bosque se lanza con Aduriz al campo, sacando al banquillo a un Morata que no terminaba de encontrar su sitio entre los centrales checos.

La situación se pone peliaguda y primero Fabregas y luego Ramos salvan del desastre absoluto despejando dos balones que iban directos a la red. Y, cuando la situación más se complica para los nuestros, España responde. Encadena tres ataques consecutivos que hacen cantar casi gol al más atrevido, con arrancadas veloces desde las bandas y mucho movimiento con balón al  frente del área Checa. Jordi Alba se incorpora con agresividad, Del Bosque decide dar entrada a Thiago por Fabregas, y es Alba quien falla un gol cantado frente a Cech por un mal control. 
Iniesta, Nolito y Aduriz aprenden a combinar en una amistad que, si triunfa, puede ser la clave para que las mieles de os trofeos vuelvan a territorio español, pero el gol se resiste. 
Aduriz se marca una chilena digna de Oliver y Benji que no sale, y vuelta a empezar. La defensa de los checos se organiza en dos murallas, que no ya líneas,  muy cerradas, y España sigue moviendo el balón frente al área, tratando de buscar el hueco. El balón es definitivamente suyo y el juego gusta, solo falta el gol. En su busca entra Pedro, cambiado por Nolito; y cuando parecía que el ataque español se iba a estrellar contra la defensa una y otra vez, Juanfran arranca desde su banda y se mete hasta casi la cocina con un centro que acaba rechazado y recuperado por Iniesta, que cuelga el centro directo a la cabeza de los dos centrales, sí, señores del fútbol, los dos centrales de España rematando una jugada cualquiera. El balón cae directo a la cabeza de Piqué, que lo lanza imparable al fondo de la red, ante la mirada de Ramos, que, por si acaso, estaba detrás, dispuesto a matar la jugada.

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Y es que puede que España ya no juegue con falso nueve, pero sigue claro que en la selección de Del Bosque, atacan y marcan todos.
Una victoria, seis más para hacer historia.