El Real Madrid nos gana la Champions, otra vez

El Real Madrid nos ha arrebatado la Champions, otra vez.
No tengo palabras para describirlo.
Ya os conté cómo viví la final de Lisboa, hoy me faltan fuerzas.
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El Atlético salió como sale el Getafe, dormido, sin dar pie con bola, corriendo detrás. No hubo Atlético de Madrid hasta que Ramos (sí, otra vez él), nos marcó un gol.
Entonces el Atleti se vino arriba, pero con calma, y el Madrid, en un arranque de táctica a la vez excepcional y fallido, le cedió el balón. No sabían qué hacer con él, no era su juego, o eso decían las malas lenguas. El Atlético tuvo que hacer de Barcelona y el Madrid de Atlético.
Se hicieron con el balón, con una marcha de menos, dominaron e intentaron marcar durante 75 agónicos minutos.
Ramos estaba en todas, en defensa y en ataque, y la velocidad de Bale hacía agujeros de bala en la defensa en cada arrancada.
Carrasco entró en el descanso y habría sido el jugador del partido de no ser por el Santo, que desde que dejó la elástica merengue y viajó rumbo a Oporto ha estado buscando suplente. Ya encontrado, y uno extraordinario, en la figura de Jan Oblak, que salvaba la noche.
Torres provocó un penalti que Griezmann falló, mandándolo al travesaño.
Y siguieron luchando.
Pero no supieron marcar.
Y llegó la prórroga, y el Atlético, que parecía llegar más fuerte, se dejó dominar por el Madrid. Carrasco se diluyó ante un Danilo que no sabía por dónde atajarle. Filipe dijo basta y se retiró ante calambres, para que entrara el jovencito Lucas, y Correa se quedó fuera.
Simeone no quiso hacer más cambios que Thomas, y esta vez le entiendo. Estaban fundidos, pero estaban jugando los mejores, los que iban a sudar y llorar la camiseta, los que ganan finales.
Pero nadie supo ganar, nadie supo marcar.
Llegaron los penaltis.
Y Juanfran falló.
Igual que marcó ante el Bayern, igual que nos llevó a rozar la gloria. Qué cruel es la historia.
Y marcó Penaldo para llevarse la Undécima.
Sin acritud. Felicitaciones a los madridistas, se lo merecen.
A vosotros, Atléticos, nos leemos mañana, esto son sólo unas palabras objetivas, cuando aún abrazo la bufanda y me escuecen las lágrimas.
Pero no os preocupéis.
Esto no se acaba aquí.

El Derbi definitivo, otra vez

“Sólo los más grandes son capaces de afrontar la más dulce de las victorias junto a la más cruel de las derrotas.”

El Atlético siempre ha hecho unas grandes campañas publicitarias y, aunque ésta no haya sido una de las que más han calado, como siempre golpea justo en el clavo. Aquellos que no vivieran el partido no pueden imaginarse cómo se sintió aquella final de Champions (hablamos de ella en un pasado lejano, para probar a ver si así duele menos).

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Muchos niños de ahora no serán capaces de imaginar lo que les dolió a los atléticos esa final, ese gol, del minuto 93. Quizá, sólo quizá, sean los holandeses quienes puedan recordar una decepción de tal calibre. Sí, como perder un mundial en la prórroga, tengo mis motivos para decirlo.

La última gran victoria del Atlético, el año cumbre de la historia del club, 1996, el doblete, hace exactamente veinte años y un día.
Yo, atlética acérrima desde que tengo memoria, no soy capaz de recordar esa victoria. Sin embargo puedo recordar perfectamente los dos años en segunda, el “infierno rojiblanco”, se masticaba en los billares que el Atleti había bajado a Segunda, que decía Sabina. Recuerdo a aquel familiar que tan  atlético había sido, dejaba el barco, y me regalaba un álbum de años de recortes de periódicos, que me esforcé en completar semana a semana. Recuerdo un anuncio en el que un tal Mono Burgos salía de una alcantarilla y todo el mundo se reía de un comercial tan absurdo. Con el tiempo, creo que no pudo haber analogía mejor. Recuerdo pertrecharme de una cinta del pelo ancha e imitar al polémico portero y al ya mítico disparo de Figo, que se convirtió en representación teatral de toda reunión familiar que se preciase.

En el 2004 jugué en el Atlético féminas, y al fin conocí cómo se sentía ser del Atleti desde dentro, llevar la camiseta, aunque fuera jugando con niñas de doce años.

Los niños que crecieron en mi época (o un poco antes) crecieron siendo los únicos de clase del atlético (con otro compañero, o dos, a lo sumo). Crecimos rodeados de familiares que nos preguntaban por qué éramos del Atleti (sí, como en el anuncio), con amigos que se burlaban y reían, año tras año, derbi tras derbi.

Recuerdo obstinarme, enfadarme y hasta llorar año tras año. Recuerdo discutir con el padre de una compañera camino al colegio, diciendo que esta vez sí que sí, que iba a marcar Torres el primer gol, y que les íbamos a ganar.

Imagínense una infancia y adolescencia así, imagínense media vida sufriendo, minuto a minuto, sin conocer la victoria. Hasta que la conocimos, y en Europa, de qué manera, aunque los demás pelearan por la Champions para nosotros éso era un sueño hecho realidad. Recuerdo mis primeras lágrimas en Neptuno, gritar hasta quedarme sin voz. Curiosamente, entre esas decenas de cánticos no estaba aquel de “volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como en el 96” Nadie se imaginaba soñar con ello, ni siquiera yo.

Los más optimistas lo soñaron, lo imaginaron, juraron y, de verdad, creyeron, que este año sí, que íbamos a ganar la Liga. Yo no lo creí hasta el último minuto. No fui capaz de soñarlo, ni siquiera, hasta que quedó media hora para el final del partido. “Treinta minutos. Veinticinco minutos” Me informaba, ¡como si no lo supiera! Un madridista sentado a mi lado.

El árbitro pita el final del partido y no soy capaz de moverme. No sé qué hacer. Entierro la cabeza en los brazos, me paso una y otra vez las manos por la cara. Lloro. Se me escapan las lágrimas y me doy cuenta que las manos me tiemblan tanto que no puedo ni chocarlas con los vecinos. Aún noto el temblor en los dedos ahora, mientras escribo esto.

Era lo que no nos habíamos atrevido a soñar. Era la victoria en el último partido, era ganar la Liga. Era el sueño de miles de niños que se hicieron del Atleti en el descenso, de quellos que, cuando les gritaban que habían vuelto a perder otra vez, respondían cantando a gritos el himno.

Y llegamos a la final de Champions. Dejando atrás al Chelsea, Milan, y al propio Barcelona. Para encontrarnos contra nuestra pesadilla de todos los años, con el vecino de campo, con el compañero de trabajo, de mesa en el instituto, el colega del bar, con el hermano, el tío y para muchos, también con el compañero de cama. Era la ocasión perfecta y no podía ser más emocionante. Unos se jugaban la décima, otros la primera. Imposible de saber quiénes iban con más ganas.

Decía un artículo (y daba de nuevo en el clavo), que ése era El Derbi. Con mayúsculas. Que, si normalmente un derbi duraba todo un fin de semana, hasta el lunes en el trabajo, donde alzabas la cabeza orgulloso y lanzabas una pulla, o la agachabas y musitabas que otra vez tendrías la revancha; pero ése derbi iba a ser el definitivo, la victoria o la derrota definitiva, que redimiría las heridas que ambos aún se sanaban (una copa perdida el año anterior el uno, años de derrotas el otro). Ése derbi se viviría toda una vida.

Y así fue, o así será, porque aún se siguen sintiendo las consecuencias de aquella cruel derrota.

Un gol de Godín un poco de carambola nos empezó a llevar al cielo. Pero aún no nos lo creíamos. Pasaban los minutos y sufríamos cada vez más, pero así era como jugábamos. Éramos el equipo que infartaba el Manzanares, nos llamaban el Pupas, y era por algo. Cinco minutos de descuento. Creo que Simeone fue reflejo de todos los atléticos en ese momento. La indignación ¿¡Cinco minutos!? ¡qué exageración! Y sufríamos, volvíamos a sufrir y nos veíamos siendo el Pupas, nos veíamos perdiendo otra final en el último minuto. Algunos de nosotros teníamos el pasado tan subido a la espalda que no supimos soñar. Y perdimos, volvimos a perder. A falta de dos minutos para la victoria más absoluta de nuestra historia. A dos minutos del sueño jamás soñado, de llegar al cielo tan solo cantando un himno con sabor a gloria. Gloria que se truncó a dos minutos del fin a manos de un magnífico Ramos.

No hay palabras para expresar la crueldad de ése momento.

Recordad todo lo que os he contado: una infancia de derrotas, ¿por qué eres del Atleti? Os hemos vuelto a ganar. “Se busca rival digno para un derbi decente”. Y te encuentras en el momento en que todo puede cambiar “es el derbi definitivo” la gloria. La tienes. Ya puedes saborearla. La copa está en el estadio y en tan solo dos minutos más (después de miles de minutos de lucha, de cansancio) rozarás el cielo con tus manos.

Es entonces cuando lo pierdes todo.

Te levantas, gimes, te hundes en el asiento, gritas, intentas en vano contener unas lágrimas de rabia que se escapan de tus ojos. Ante ti, tu ciudad, tus amigos, tu familia, están rozando la gloria.

La prórroga son sólo treinta minutos en los que intentas recuperarte del shock. No te importan los goles, por mucho que suene tópico. Empiezas a hacerte a la idea, a aceptar que no pudo ser, y a sentirte orgulloso de tu equipo, que ha luchado por lo que nadie creía que pudiera luchar, y ha estado a punto de conseguirlo. Intentas hacerte a la idea, aunque no lo conseguirás al escuchar el pitido final, ni a ver la copa en unas manos que no son las del capitán que esperas, ni cuando la estatua rodeada de gente es la equivocada; sabes que pasará a la memoria del fútbol y años después seguirás pensando “tan sólo dos minutos, la teníamos tan, tan cerca.”

Esa noche sólo quieres irte a dormir, tragarte la rabia, la decepción y la tristeza para, a la mañana siguiente, volver con la cabeza bien alta, dar la enhorabuena al vecino y decir, con total confianza esta vez, que la próxima vez seréis vosotros quien ganéis.

Hace dos años escribí esto, y muchas cosas han cambiado. Quedan sólo dos días para que la final se repita y resulta que el Derbi definitivo no era tan definitivo.
Ya no hay miedo en el Atlético, ya no vamos con la sensación de ser el equipo que tiene las de perder, ya no hay partido en el que mi Atleti no tenga muchas papeletas para ganar. Hemos crecido mucho en estos dos años, y este sábado, Atleti, vas a ir a por ellos. No por Lisboa, no por la revancha, ni porque el fútbol te lo deba después de tantos batacazos injustos. Porque el Atleti se merece tocar el cielo con los labios, y besar la copa. Es hora de bajar el pasado de la espalda y soñar más fuerte que nunca.
Hasta el sábado, atléticos.

El Atleti sigue soñando con Europa

El Calderón era una olla hirviendo, Madrid entera era una olla a presión anoche, ya desdr antes de las nueve menos cuarto, cuando un espectacular mosaico acompañaba al equipo del Cholo a la victoria.Juntos a la victoria mosaico
Remontarle un 2-1 al Barcelona no es fácil, pero el equipo aprendió la lección. Salieron a morder, presionando arriba y dándoles el balón a ellos, pero sin dejarles usarlo a su antojo. Ése es el estilo de Simeone.
Pronto la artillería rojiblanca daba sus primeros sustos, con un disparo de Gabi al aire, cabalgadas de la gacela Carrasco y los ya habituales Saúl y Griezmann. En el minuto 36 el francés hizo el gol a pase del chaval de la cantera merengue y los atléticos se permitieron soñar más fuerte.

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Qué larga fue la segunda parte. No fueron 45 minutos, fueron tres horas y media de angustia y una defensa espectacular. El fútbol de hoy se basa cada vez menos en futbolistas estrella, en jugones, y más en las transiciones. Saber estar colocado en una pérdida de balón, las basculaciones ataque-defensa ganan partidos, y quien lo niegue no vio el partido de anoche en el Manzanares. Los culés asediaban y los rojiblancos se defendían, olvidándose hasta de atacar. Messi no estuvo, o no le dejaron estar, y Suárez no fue capaz de hilar una jugada entre tanto rojiblanco.
Sale Carrasco y entra Thomas, Simeone decide sacrificar la banda y la velocidad en busca de contención y defensa. Puede gustarnos o no su decisión, pero no se le puede reprochar nada, los partidos así hay que ganarlos, no jugarlos, y van dos eliminatorias de champions vencidas al Barça.
Los últimos diez minutos cambiaron el cariz del juego, el Atlético sabe bailar con el reloj como ningún equipo lo hace, e interpretó que era momento de sprovechar la prisa de los blaugranas para hacerse con el balón y venirse arriba. Una mano de Iniesta en el área hace estallar el Calderón. Penalty que anota Griezmann al borde del palo, acariciado por Ter Stegen. Y ya no queda apenas tiempo.
Ni una falta/penalty que pudo cambiarlo todo frenó al Atlético, que esta noche sí, tenía la suerte de su parte. Los minutos corrían y a falta del maestro en el arte de retener el balón en el córner, que estaba luchando en el bando enemigo, Koke se hizo con la batuta. La cara descompuesta de Simeone era la de todos los atléticos: ya no nos fiamos ni del descuento, ni de nuestro padre si le apuráis, hasta que no pite el árbitro.

Simeone nervios partido
Y cuando lo hace, se desata la locura: estática en el rostro de Luis Enrique, que ve pasar ante sí unas últimas semanas que amenazan con.hundir la temporada; extática de Simeone y sus jugadores, que están en la semifinal.
Esa noche los rojiblancos no dejaron de creer, siguieron soñando en busca de una espina que tienen clavada en lo más hondo, acercándose al sueño jamás vivido y mil veces soñado. Ya no vale la Intercontinental, ni el doblete, el Atlético quiere la Champions, y la quiere ya.

Celebracion koke godin

Qué manera de sufrir

Cuando en un himno al centenario del equipo de tus amores incluyes la frase “Qué manera de ganar”, lo habitual es que se piense en un equipo de altos vuelos, que vence por goleada deleitando con un juego maravilloso; por eso Sabina, como atlético de corazón, supo que tenía que añadir un estribillo que lo matizase: “Qué manera de sufrir.”

Y ha sido eso, señores, lo que hemos visto en el partido de hoy. Una eliminatoria que se presuponía favorable al Atlético, que se fue complicando en el partido de ida con el 0-0 en Holanda, que se ponía tensa al seguir a cero al fin de la primera parte, que nos volvía histéricos al llegar al final de la segunda sin goles… Y que en el descuento de la prórroga tampoco se había encajado gol alguno.

No es que el Atleti jugara mal, o que el PSV Eindhoven jugara como los ángeles, que no se dio ninguno de los dos casos; pero el ataque rojiblanco se anquilosa, se obceca en las mismas jugadas, abusando tanto de la banda de Filipe que hasta el lateral opta por caracolear en el centro del feudo.

El francesito de oro recibía muy atrás, siempre más de cinco metros antes de la defensa, sin capacidad sorpresiva ninguna, y Torres no sabía ya con quién pegarse, si con los centrales o con el árbitro, que no le pitaba una.Arda-penaltis

Infartando en la ribera del Manzanres estábamos, llegan los penaltis y muchos nos acordamos de aquella tanda de penaltis hace poco más de un año, ante el Bayern Leverkusen. Y Arda rezando en el suelo, como volvíamos a estar muchos, aferrados a la bufanda, con ella al ras de los ojos, sin querer mirar, sin poder apartar la vista.

Suena el himno a capella en el Estadio, y se vuelve a invocar la fuerza de las grandes gestas, se corea a Luis Aragonés. No se falla un penalti, ni uno, y eso que los holandeses parecían tenerlo todo en contra. Llega el quinto penalti, vemos a Torres caminar desde el círculo central hacia el área, la cabeza gacha, el corazón escondido en la bota derecha. El Niño nunca fue un jugador inmune a la presión, pero esta vez la supera, salvándonos del infarto.

Marcan, marcamos, a estas alturas de la noche no debe de haber hogar en España que no esté viendo la televisión, o eso parece por los gritos del vecindario. Un Oblak casi desquiciado no oye los gritos del Cholo Simeone desde la banda. El  público sí que corea, grita y silba. Y no sabemos si es efecto de la presión, del argentino, o del azar, pero Narsingh falla el lanzamiento.

Y ahí va Juanfran, de los incombustibles, la flecha, uno de los corazones del equipo.

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Y el Atleti vence y pasa a Cuartos de Final de la Champions.

Y el estadio se vence, Simeone se une a la montaña humana que se ha formado en el córner con el alicantino como epicentro del terremoto. Y el mundo vuelve a latir a su ritmo habitual.

Qué manera de ganar, qué manera de sufrir.

Atleti, un día de estos me vas a provocar un infarto.

Seguimos soñando.

Octavos de Champions League

cuadro-los-enfrentamiento-los-octavos-champions-league-1450108292393Acaba la fase de grupos de la Champions y nos ha dejado con un sabor explosivo en la boca. De los cinco equipos españoles, tres siguen en la competición reina, mientras que Sevilla y Valencia hacen las maletas hacia la Europa League. ¿Cómo han afrontado los nuestros la liguilla?

Comenzamos por el FC Barcelona, uno de los grandes favoritos para alzarse con la orejona este año (el gran favorito junto al Bayern de Guardiola, si hacemos caso a las encuestas). Tras un comienzo algo accidentado con un empate frente a la Roma, el Barça demostró que no es el favorito sólo por historia, sino que su trío de oro se encuentra más fuerte que nunca, especialmente después de coronarse vencedor del Mundial de Clubes.

En las recientes jornadas el equipo culé se ha dejado bastantes puntos en el tintero, con los empates ante el Leverkusen en Champions, y Valencia y Deportivo en Liga, aunque ni los tropiezos, ni la polémica relación de Luis Enrique con el banquillo parecen empañar las expectativas de los blaugranas, que tienen el liderato a tiro a falta de un partido de la primera vuelta por jugar.

Y es a ellos a quienes les ha tocado bailar con la más fea, puesto que se enfrentarán al Arsenal, uno de los rivales más complicados, salvando al Bayern de Munich.

El Real Madrid no está pasando por la mejor de sus etapas. La eliminación (o no eliminación) de la Copa, las críticas a Florentino, el relevo de Benítez… Y sin embargo nada de eso se aprecia en la competición reina, donde el Madrid se viste de historia y sólo se deja arrancar un empate ante el PSG, uno de los cocos del cruce de octavos. La situación en el club no es la ideal, y el juego del equipo se resiente, en especial el de su gran estrella, que no está pasando por su mejor inicio de temporada. Parece que con Zidane al mando los blancos remontan y vuelven a tener esa movilidad arriba que tanto se echaba de menos; la seguridad en defensa es aún una prueba que testar en las próximas jornadas.

Y aún así en las próximas semanas será difícil de olvidar la victoria ante el Sporting de Gijón por cinco goles a uno, y la victoria en Champions por ocho goles (sí, OCHO) al Malmoe. El Real Madrid, sigue siendo un grande de la Champions League. Se enfrentará a la Roma de Totti, un viejo hueso que no se encuentra en sus mejores años.

Vuelve a apostar por la competición reina este año el tercero en discordia, el Atlético de Madrid. Pasó por la fase de grupos sin pena ni gloria, perdiendo la ida contra el Benfica, goleando al Astana por 4-0 en el Calderón y empatando a cero en su campo, pero demostrando la solidez defensiva que les caracteriza y las dificultades de esta temporada para que el balón llegue a la red. Se envcuentra en un momento muy dulce, y sale del parón invernal reforzado por los fichajes de Kranevitter y Augusto, la perla del Celta. De Vigo. En octavos libra también a los grandes cocos del sorteo y se enfrentará al PSV Eindhoven, a priori un equipo asequible, aunque cuenta con estrellas como Guardado y, sobre todo, De Jong, que, no se debe olvidar, ya eliminaron de la fase de grupos al Manchester.

Si hubiera habido un grupo de la muerte, ése hubiera sido el del Sevilla. Desafortunado en el sorteo, tan sólo pudo arrancar dos victorias, una por la mínima a la vecchia signora, y otra al Borussia, por tres goles a cero.

En el vestuario se mascan las palabras inadmisible, desastre referidas a la eliminación de la Champions, y es cierto que esperábamos más de un equipo que no está dando la talla. Ni siquiera en Liga, donde unos muy enchufados Celta y Deportivo se le han subido a las barbas. No sirven excusas, la plantilla lo sabe, y el equipo de Emery espera resarcirse en la Europa League ahora sí, con rivales más acordes con su rendimiento actual.

Nuno aún estaba haciendo la maleta cuando el Valencia lo acompañó haciendo la suya, rumbo a la Europa League. Muy lejos de la cabeza de la clasificación y aún lejos de los puestos europeos, el inicio de temporada está siendo más que accidentado. La llegada de Gary Neville nada pudo hacer para salvar la eliminación, y parece que viene con ideas revolucionarias el sustituto de Nuno. Al igual que el Sevilla, se verá las caras con otros rivales en la Champions Naranja como el Liverpool, Nápoles, Tottenham, Athletic, Manchester United, Villarreal o Galatasaray.