F.C.Barcelona 1- Atético de Madrid 1

Un punto bien conseguido

Los empates siempre saben a poco, y más si son entre grandes equipos, pero lo que ha hecho hoy el Atlético es un acto de dignidad.

Un Barcelona con ambición pero falto de ideas en la primera parte. Atacaban mucho, si, pero el atético se defendía muy bien. Era muy difícil atacar estando tan atados a su campo con un gran muro. Los contraataques se sucedían en la primera parte con dos salidas monumentales de Gameiro que dejaba alucinado a todo el Camp Nou, pero sin compañeros para rematar la jugada. Cierto es que al francés solo se le vio en estas dos ocasiones. Oblak nos seguía dejando a todos asombrados con sus paradas aunque la ocasión más clara por parte del Barcelona llegó con el gol de Rakitic minutos antes del descanso (41´). A medio camino entre un fallo de Gabi en despeje y una buena acción del croata.

Messi y Busquets se fueron lesionados y no jugaron la segunda parte, como tampoco lo hicieron Saúl y Gameiro sustituidos por Torres y Correa, quienes, propiciados por la situación le dieron otro aire diferente al partido. Entre los dos elaboraron de manera perfecta el gol del empate para seguir atacando con ráfagas individuales y colectivas la portería de Ter Stegen. Torres le entrega un balón a Correa que se ve solo con Mascherano y una vez que lo deja atrás, mano a mano con Ter Stegen le deja el balón suave en la red.

El partido se acaba entre idas y venidas de ambos equipos a campo contrario sin más ocasiones claras, excepo la de Godín cabeceando al final. Carrasco tuvo unas cuantas durante el partido pero acabaron rozando la red por fuera. Un empate que sabe a poco al no aprovechar el empate unas horas antes del Madrid, pero positivo por el enfrantamiento que supone entre estos dos equipos. A Simeone la única pizarra que se le resiste es la del Camp Nou, pero todo llegará.

 

Evitando entrar en polémica sobre las entradas, lesiones entre jugadores y demás para mi los mejores del partido fueron Oblak y Savic por parte del Atlético y Messi y Ter Stegen por parte del Barcelona.

 

El partido desluce más de lo esperado siendo miércoles y una hora tan intempestiva como las 10 de la noche. Esto en sábado hubiese sido mucho más espectacular, aunque también es cierto que si bien era un encuentro muy jugoso y con mucho espéctaculo antes de comenzar no dieron el 100% del nivel que se esperaba de ambos equipos.

 

Saúl Ñíguez

Recibe el balón en el círculo central del campo, el equipo está descolocado, la defensa rival en su sitio.  Es un bajito que lleva la rojiblanca con el 8 a la espalda, nada que temer de un chaval que apenas ha destacado. Hasta que su bota acaricia el balón.

Finta a la derecha, arranca la carrera hacia la portería y deja atrás a su marca que le sigue, que no se atreve a hacer falta, incapaz de rozar el balón. Lo esconde, mira alrededor y se ve rodeado de contrarios. Sigue , finta de nuevo y se encuentra al borde del área, con tres rivales a los flancos, cerrando el espacio. O lo cerraban, porque el colchonero dribla y hace un siete a la defensa alemana, que una semana después siguen preguntándose por dónde se coló la lagartija.

Tan sólo quedan dos, central y portero, que le separan de la red, se enfrenta al defensa, que bloca el paso; pero el chico no se rinde, finta, esconde la bola y busca el hueco imposible para cruzar un disparo y mandar el balón al fondo de la red y dejar con la boca abierta a media Europa.

saul-niguez-xabi-alonso-atletico-madrid-bayern-munich-270416_6p9lxftqgafu114zf48j0hxdj

Es Saúl Ñiguez, centrocampista, delantero, media punta, extremo, defensa. Es el chico de moda desde aquella noche de Champions, lo mismo corre sesenta metros para robar un balón al rival y lanzar el contragolpe que remata un córner con precisión digna del mismo Godín.

Tiene 21 añitos, es internacional indiscutible con la rojita y debutado con la Absoluta, es un jugón, como hubiera dicho Andrés Montes, es colchonero y bien podría ser Oliver Atom cuando se encuentra con su amigo el balón. En Siempre el 8 hemos tenido acceso a la nevera de Saúl y podemos asegurar que desayuna Cereales al contragolpe, come remates a puerta con patatas y cena esa carne especiada con la magia del fútbol acompañada de un vaso de Cholismo. Y es que en casa son futbolistas padre, Saúl y los otros dos Ñiguez.

Nacido en casa de fútbol, pertenece a las categorías inferiores del Atlético desde los trece años, donde creció y se hizo futbolista hasta llegar a debutar en la orilla del Manzanares nada menos que en un partido de UEFA contra el Besiktas. No siempre fue carne del Cerro del Espino, el ilicitano llegó a Madrid con billete de ida al Cerro del Espino, a la cantera rival, donde pasó dos años, algo amargos en lo extradeportivo. Tómense si quieren, amigos merengues, la licencia de decir que Ñiguez nació en su escuela. Fichajes imposibles, que dirían ahora, entre rivales de la capital, pero todo se le perdona a Saúl, hasta sus inicios madridistas.

Su sed inagotable de gol no encontraba hueco en la plantilla del primer equipo colchonero, y marchó cedido no muy lejos de casa, a las colinas vallecanas, donde fue una de las llaves que lograron la permanencia del Rayo en primera.

Corría el otoño de 2014 cuando el de Elche regresó al Calderón pisando fuerte, para convertirse en una de las piezas claves en el equipo del Cholo, y desde entonces no se deja de corear su nombre en la grada. Se erigió a sí mismo como compañero y sustituto de Koke, y su versatilidad acabó haciéndole un hueco en el verde partido a partido, cada domingo.

saul-niguez-jugador-del-atletico-madrid-marco-golazo-contra-bayern-1461784633993

Su arrojo y talento siempre le han tenido entre los jugadores más queridos de la afición, aunque no terminara de adaptarse al estilo de juego que el cuerpo técnico planteaba para este Atlético. Saúl es un jugador que lleva magia en las botas, que le cuesta despuntar y arrancarse, pero cuando el nuevo 8 rojiblanco dice vamos, que se preparen, porque el chico es todo un espectáculo del fútbol.
Costó encontrar un digno sucesor del gran Raúl García, ya lo advertíamos en su despedida, pero Saúl se ha hecho con la elástica, aún en contra del que parecía un sistema inamovible inherente al cholismo, el 4-4-2 con dos mediocentros defensivos, y aportando un granito más al espectáculo del fútbol.

Qué casualidad que de nuevo estemos hablando de un grande que porta en su espalda el número 8.

Por qué será, seguimos preguntándonos, que es Siempre el 8.

saul

 

El Atlético de Madrid 2016-2017

Arranca la Temporada 2016-2017, después de una larga espera estival en la que ni la Eurocopa ni la Copa América nos han quitado la sed de fútbol. El Atlético regresa al Calderón en el que será su último año de andadura (cuántas veces se habrá dicho ya en periódicos y noticiarios, y cuántas se dirá en estos diez meses que nos quedan hasta que la joya del Manzanares finalmente cierre sus puertas).

El mercado de fichajes parece casi finiquitado, a falta de alguna incorporación sorpresa de última hora y la marcha de los descartados del Cholo, os presentamos a la plantilla el Atlético de Madrid.

En la portería, defienden los palos:

  • Jan Oblak, el seguro rojiblanco, el portero, menos menos goleado.
  • Miguel Ángel Moyá, lesionado en la pretemporada, le queda al menos un mes de baja.
  • André Moreira, el chaval recién llegado a última hora, con tan sólo 20 añitos aspira a ser el segundo portero, y una amenaza para el esloveno.xgd8l8yjos_moreira

En la zaga:

  • Diego Godín, el incombustible, que nos sigue salvando las posaderas en la zaga y en el ataque, que los dioses te conserven esa cabeza, Dieguito.
  • José Giménez, el uruguayo protagonista del culebrón del verano,pretendido por media Europa, sí, señores, que se queda en el Manzanares.
  • Stefan Savic, el croata que desbancó de la titularidad a Giménez, veremos cómo se reparten este año los minutos, se espera una buena lucha.
  • Juanfran Torres, el rayo, el que nos clasificó a semis de Champions, y el que falló el último penalti de Milán, el que pidió perdón entre lágrimas a una afición que lloraba con él.
  • Filipe Luis, el alma de la banda izquierda, esperemos que recuperando al fin el ritmo que perdió al marchar al Chelsea.
  • Lucas Hernández, el chavalín que ya destacó la temporada pasada y se plantea como seguro en caso de que los pilares fallen.
  • Sime Vrsaljko, el impronunciable, buscadle un apodo pronto, por todos los cielos, el recambio y la amenaza de Juanfran, va a luchar duro por hacerse con la banda derecha.291186

En el medio, la batalla campal:

  • Gabi, el capitán, en uno de sus últimos años en activo, el corazón del equipo.
  • Koke, la estrella, qué culpa tendrá el muchacho de jugar tan bien en cualquier posición, puede que esta temporada le veamos al fin en su sitio, fuera de la banda derecha, aunque está difícil.
  • Tiago, al fin recuperado de la dolorosa lesión que nos dejó sin él en el momento de temporada que mejor estaba llevando la batuta de los rojiblancos, se espera la mejor faceta del mediocentro defensivo.
  • Augusto Fernández, que el año pasado fue titular con la lesión de Tiago, va a tener que luchar duro para volver a hacerse un hueco.
  • Saúl Ñiguez, el polivalente, desde delantero hasta defensa le hemos visto jugar, le queda aún una velocidad por meter y sin ella va a disputar pocos minutos en el césped.
  • Yannick Ferreira-Carrasco, la bala de la banda izquierda, ver un partido en el campo de Carrasco es perder la cuenta de los desmarques que tira buscando romper la defensa.
  • Nicolás Gaitán, el argentino recién llegado del Benfica, reclamado por el Cholo desde hace tres temporadas, le podemos ver en las bandas o como mediapunta, y ya es el máximo goleador de la pretemporada.
  • Thomas Partey, el ganés que ya sorprendió la temporada pasada con su arrojo, fuerza física y dominio de balón se perfila como uno de los suplentes de libro de esta temporada, tendrá que luchar con muchos para hacerse con el puesto.
  • Diogo Jota, otro de los fichajes del verano, no ha convencido en la pretemporada y ya tiene encima el cartel de “descartado”, y se marcha cedido al Porto esta temporada.

Oliver Torres, “el nuevo Koke“, decían de él, aún joven, sin terminar de explotar, pero con una calidad inmensa. El de Cáceres , con la Liga ya empezada, firmó contrato con el Oporto, para jugar cedido una temporada con opción a compra.366bd35100000578-0-image-m-3_1468958987461

Dejando a un lado a los descartados, ocho jugadores pelean por cuatro puestos en el campo, va a quedar mucha calidad en el banquillo del Calderón.

En la delantera:

  • Fernando Torres, el 9, por mucho que la prensa buscase un nueve este verano, el chico de la cantera y uno de los corazones del equipo, no parte como favorito, pero ya demostró que lucharía por su sitio en la cancha.
  • Antoine Griezzman, el principito, mejor jugador de la Eurocopa y fuera de los nominados al balón de Oro por razones que todos conocemos y sólo la FIFA entiende, será indiscutible este año.
  • Ángel Correa, el argentino que pretendió entrar como un obús en las vidas rojiblancas y se le gripó el motor a medio camino, disputará minutos si convence al Cholo en los entrenos.
  • Kevin Gameiro, el fichaje estrella de la temporada, el segundo tras el culebrón Costa, parte como delantero titular junto con Griezzman y se esperan grandes cosas de él, aunque como siempre, tendrá que adaptarse a la disciplina Simeone, y sobre todo, a la disciplina del Profe Ortega.gameiro-atletico-presentacion

Continúa aún en plantilla Alessio Cerci, finalizada su cesión italiana, descartado por el cuerpo técnico e inmerso en su propia búsqueda de equipo. Continúa aún en la plantilla, que renqueante tras su operación de cartílago de la rodilla y protagonizar el culebrón del verano con rumores de marcha a la Lazio, ha visto denegada su cesión al Bologna, a pesar de no contar para el equipo técnico.

Así queda la plantilla del Atlético, una plantilla muy completa. Simeone siempre trató que su equipo fuese un equipo de batalla, con jugadores trabajadores, luchadores, aunque no brillaran. La temporada pasada lo logró, y en esta ha conseguido teñir con el brillo de algunas estrellas un equipo en el que sigue primando el esfuerzo y la lucha por encima del orgullo.

¿La mejor plantilla de la era Simeone? El tiempo lo dirá, desde Siempre el 8, os lo contaremos.

El Real Madrid nos gana la Champions, otra vez

El Real Madrid nos ha arrebatado la Champions, otra vez.
No tengo palabras para describirlo.
Ya os conté cómo viví la final de Lisboa, hoy me faltan fuerzas.
image

El Atlético salió como sale el Getafe, dormido, sin dar pie con bola, corriendo detrás. No hubo Atlético de Madrid hasta que Ramos (sí, otra vez él), nos marcó un gol.
Entonces el Atleti se vino arriba, pero con calma, y el Madrid, en un arranque de táctica a la vez excepcional y fallido, le cedió el balón. No sabían qué hacer con él, no era su juego, o eso decían las malas lenguas. El Atlético tuvo que hacer de Barcelona y el Madrid de Atlético.
Se hicieron con el balón, con una marcha de menos, dominaron e intentaron marcar durante 75 agónicos minutos.
Ramos estaba en todas, en defensa y en ataque, y la velocidad de Bale hacía agujeros de bala en la defensa en cada arrancada.
Carrasco entró en el descanso y habría sido el jugador del partido de no ser por el Santo, que desde que dejó la elástica merengue y viajó rumbo a Oporto ha estado buscando suplente. Ya encontrado, y uno extraordinario, en la figura de Jan Oblak, que salvaba la noche.
Torres provocó un penalti que Griezmann falló, mandándolo al travesaño.
Y siguieron luchando.
Pero no supieron marcar.
Y llegó la prórroga, y el Atlético, que parecía llegar más fuerte, se dejó dominar por el Madrid. Carrasco se diluyó ante un Danilo que no sabía por dónde atajarle. Filipe dijo basta y se retiró ante calambres, para que entrara el jovencito Lucas, y Correa se quedó fuera.
Simeone no quiso hacer más cambios que Thomas, y esta vez le entiendo. Estaban fundidos, pero estaban jugando los mejores, los que iban a sudar y llorar la camiseta, los que ganan finales.
Pero nadie supo ganar, nadie supo marcar.
Llegaron los penaltis.
Y Juanfran falló.
Igual que marcó ante el Bayern, igual que nos llevó a rozar la gloria. Qué cruel es la historia.
Y marcó Penaldo para llevarse la Undécima.
Sin acritud. Felicitaciones a los madridistas, se lo merecen.
A vosotros, Atléticos, nos leemos mañana, esto son sólo unas palabras objetivas, cuando aún abrazo la bufanda y me escuecen las lágrimas.
Pero no os preocupéis.
Esto no se acaba aquí.

El Derbi definitivo, otra vez

“Sólo los más grandes son capaces de afrontar la más dulce de las victorias junto a la más cruel de las derrotas.”

El Atlético siempre ha hecho unas grandes campañas publicitarias y, aunque ésta no haya sido una de las que más han calado, como siempre golpea justo en el clavo. Aquellos que no vivieran el partido no pueden imaginarse cómo se sintió aquella final de Champions (hablamos de ella en un pasado lejano, para probar a ver si así duele menos).

image

Muchos niños de ahora no serán capaces de imaginar lo que les dolió a los atléticos esa final, ese gol, del minuto 93. Quizá, sólo quizá, sean los holandeses quienes puedan recordar una decepción de tal calibre. Sí, como perder un mundial en la prórroga, tengo mis motivos para decirlo.

La última gran victoria del Atlético, el año cumbre de la historia del club, 1996, el doblete, hace exactamente veinte años y un día.
Yo, atlética acérrima desde que tengo memoria, no soy capaz de recordar esa victoria. Sin embargo puedo recordar perfectamente los dos años en segunda, el “infierno rojiblanco”, se masticaba en los billares que el Atleti había bajado a Segunda, que decía Sabina. Recuerdo a aquel familiar que tan  atlético había sido, dejaba el barco, y me regalaba un álbum de años de recortes de periódicos, que me esforcé en completar semana a semana. Recuerdo un anuncio en el que un tal Mono Burgos salía de una alcantarilla y todo el mundo se reía de un comercial tan absurdo. Con el tiempo, creo que no pudo haber analogía mejor. Recuerdo pertrecharme de una cinta del pelo ancha e imitar al polémico portero y al ya mítico disparo de Figo, que se convirtió en representación teatral de toda reunión familiar que se preciase.

En el 2004 jugué en el Atlético féminas, y al fin conocí cómo se sentía ser del Atleti desde dentro, llevar la camiseta, aunque fuera jugando con niñas de doce años.

Los niños que crecieron en mi época (o un poco antes) crecieron siendo los únicos de clase del atlético (con otro compañero, o dos, a lo sumo). Crecimos rodeados de familiares que nos preguntaban por qué éramos del Atleti (sí, como en el anuncio), con amigos que se burlaban y reían, año tras año, derbi tras derbi.

Recuerdo obstinarme, enfadarme y hasta llorar año tras año. Recuerdo discutir con el padre de una compañera camino al colegio, diciendo que esta vez sí que sí, que iba a marcar Torres el primer gol, y que les íbamos a ganar.

Imagínense una infancia y adolescencia así, imagínense media vida sufriendo, minuto a minuto, sin conocer la victoria. Hasta que la conocimos, y en Europa, de qué manera, aunque los demás pelearan por la Champions para nosotros éso era un sueño hecho realidad. Recuerdo mis primeras lágrimas en Neptuno, gritar hasta quedarme sin voz. Curiosamente, entre esas decenas de cánticos no estaba aquel de “volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como en el 96” Nadie se imaginaba soñar con ello, ni siquiera yo.

Los más optimistas lo soñaron, lo imaginaron, juraron y, de verdad, creyeron, que este año sí, que íbamos a ganar la Liga. Yo no lo creí hasta el último minuto. No fui capaz de soñarlo, ni siquiera, hasta que quedó media hora para el final del partido. “Treinta minutos. Veinticinco minutos” Me informaba, ¡como si no lo supiera! Un madridista sentado a mi lado.

El árbitro pita el final del partido y no soy capaz de moverme. No sé qué hacer. Entierro la cabeza en los brazos, me paso una y otra vez las manos por la cara. Lloro. Se me escapan las lágrimas y me doy cuenta que las manos me tiemblan tanto que no puedo ni chocarlas con los vecinos. Aún noto el temblor en los dedos ahora, mientras escribo esto.

Era lo que no nos habíamos atrevido a soñar. Era la victoria en el último partido, era ganar la Liga. Era el sueño de miles de niños que se hicieron del Atleti en el descenso, de quellos que, cuando les gritaban que habían vuelto a perder otra vez, respondían cantando a gritos el himno.

Y llegamos a la final de Champions. Dejando atrás al Chelsea, Milan, y al propio Barcelona. Para encontrarnos contra nuestra pesadilla de todos los años, con el vecino de campo, con el compañero de trabajo, de mesa en el instituto, el colega del bar, con el hermano, el tío y para muchos, también con el compañero de cama. Era la ocasión perfecta y no podía ser más emocionante. Unos se jugaban la décima, otros la primera. Imposible de saber quiénes iban con más ganas.

Decía un artículo (y daba de nuevo en el clavo), que ése era El Derbi. Con mayúsculas. Que, si normalmente un derbi duraba todo un fin de semana, hasta el lunes en el trabajo, donde alzabas la cabeza orgulloso y lanzabas una pulla, o la agachabas y musitabas que otra vez tendrías la revancha; pero ése derbi iba a ser el definitivo, la victoria o la derrota definitiva, que redimiría las heridas que ambos aún se sanaban (una copa perdida el año anterior el uno, años de derrotas el otro). Ése derbi se viviría toda una vida.

Y así fue, o así será, porque aún se siguen sintiendo las consecuencias de aquella cruel derrota.

Un gol de Godín un poco de carambola nos empezó a llevar al cielo. Pero aún no nos lo creíamos. Pasaban los minutos y sufríamos cada vez más, pero así era como jugábamos. Éramos el equipo que infartaba el Manzanares, nos llamaban el Pupas, y era por algo. Cinco minutos de descuento. Creo que Simeone fue reflejo de todos los atléticos en ese momento. La indignación ¿¡Cinco minutos!? ¡qué exageración! Y sufríamos, volvíamos a sufrir y nos veíamos siendo el Pupas, nos veíamos perdiendo otra final en el último minuto. Algunos de nosotros teníamos el pasado tan subido a la espalda que no supimos soñar. Y perdimos, volvimos a perder. A falta de dos minutos para la victoria más absoluta de nuestra historia. A dos minutos del sueño jamás soñado, de llegar al cielo tan solo cantando un himno con sabor a gloria. Gloria que se truncó a dos minutos del fin a manos de un magnífico Ramos.

No hay palabras para expresar la crueldad de ése momento.

Recordad todo lo que os he contado: una infancia de derrotas, ¿por qué eres del Atleti? Os hemos vuelto a ganar. “Se busca rival digno para un derbi decente”. Y te encuentras en el momento en que todo puede cambiar “es el derbi definitivo” la gloria. La tienes. Ya puedes saborearla. La copa está en el estadio y en tan solo dos minutos más (después de miles de minutos de lucha, de cansancio) rozarás el cielo con tus manos.

Es entonces cuando lo pierdes todo.

Te levantas, gimes, te hundes en el asiento, gritas, intentas en vano contener unas lágrimas de rabia que se escapan de tus ojos. Ante ti, tu ciudad, tus amigos, tu familia, están rozando la gloria.

La prórroga son sólo treinta minutos en los que intentas recuperarte del shock. No te importan los goles, por mucho que suene tópico. Empiezas a hacerte a la idea, a aceptar que no pudo ser, y a sentirte orgulloso de tu equipo, que ha luchado por lo que nadie creía que pudiera luchar, y ha estado a punto de conseguirlo. Intentas hacerte a la idea, aunque no lo conseguirás al escuchar el pitido final, ni a ver la copa en unas manos que no son las del capitán que esperas, ni cuando la estatua rodeada de gente es la equivocada; sabes que pasará a la memoria del fútbol y años después seguirás pensando “tan sólo dos minutos, la teníamos tan, tan cerca.”

Esa noche sólo quieres irte a dormir, tragarte la rabia, la decepción y la tristeza para, a la mañana siguiente, volver con la cabeza bien alta, dar la enhorabuena al vecino y decir, con total confianza esta vez, que la próxima vez seréis vosotros quien ganéis.

Hace dos años escribí esto, y muchas cosas han cambiado. Quedan sólo dos días para que la final se repita y resulta que el Derbi definitivo no era tan definitivo.
Ya no hay miedo en el Atlético, ya no vamos con la sensación de ser el equipo que tiene las de perder, ya no hay partido en el que mi Atleti no tenga muchas papeletas para ganar. Hemos crecido mucho en estos dos años, y este sábado, Atleti, vas a ir a por ellos. No por Lisboa, no por la revancha, ni porque el fútbol te lo deba después de tantos batacazos injustos. Porque el Atleti se merece tocar el cielo con los labios, y besar la copa. Es hora de bajar el pasado de la espalda y soñar más fuerte que nunca.
Hasta el sábado, atléticos.

Fernando Torres, el 9.

¿De verdad son necesarios los ídolos? Preguntaba Patricia hace unos días.

No puedo evitar contestarle.

Porque un ídolo es una vía directa al corazón del aficionado, del hincha. Cada crítica duele como si fuera propia, cada elogio hace henchirse de orgullo, y los insultos duelen más que si insultaran a tu propio hermano.

Eso me ocurre a mí, y a cientos de atléticos, con Fernando Torres. El niño comenzó a ser un ídolo cuando empezó a ser el niño de los amores rojiblancos, cuando daba sus primeras cabalgadas por el Calderón, y marcaba sus primeros goles.

1458468388_061421_1458468719_album_grande

Ha llovido mucho en la orilla del Manzanares desde entonces, cuando el chaval de diecisiete años debutaba ante el Leganés, en los infiernos de segunda. Muchas lluvias han caído desde entonces desde aquel 2001, y aún así el río volvió a teñirse de rojiblanco aquel 4 de enero de 2015, cuando regresó. Cuando volvió a casa.

Servidora, como tantos otros, se compró su camiseta, aunque el Niño viniera en horas bajas, aunque no fuera el de antes y muchas y malas lenguas murmuraran que regresaba al Atlético para retirarse. Porque, siete años y medio antes, supe que se iba, pero que era un billete con fecha de regreso, y prometí que llevaría la rojiblanca con su nombre el día que volviera a lucir el nueve. Que defendería su camiseta igual que él defendió su escudo del alma hasta llevando la elástica de otros colores.TORRES_ESCUDOblog

La historia de Fernando Torres es una historia de fe, de corazón y de lealtad, una historia que sólo podía ser rojiblanca.

El Niño preferido del gran Luis Aragonés nos ayudó a salir de Segunda y luchó como nadie en los años en primera, convirtiéndose en capitán y dejándose la piel en cada partido. Con tan sólo 19 años era ya un ídolo y capitán del Calderón, porque se lo había ganado con coraje y corazón, que diríamos ahora en disciplina Simeone.

Convocado con la selección absoluta y convertido en uno de los grandes delanteros de España (a pesar de las críticas de la prensa, siempre presentes), Fernando quiso crecer, y un Atlético que apenas lograba luchar con la Europa League no se lo permitía. Rechazó decenas de propuestas de grandes clubes, pero el momento de abandonar el Manzanares llegó.

Corría el año 2007 y el Atlético perdió ante el Barcelona por un escandaloso 0-6 que muchos nunca olvidaremos. Mientras el capitán apenas podía aguantar las lágrimas de frustración porque su equipo no lograba levantar el vuelo, veía a compañeros suyos retirarse del terreno de juego riendo, bromeando con la derrota. Y el Niño dijo basta.

“Es un partido para olvidar, del que no se puede sacar absolutamente nada positivo. La semana se está haciendo larguísima. Es difícil dormir, salir a la calle… espero que pase cuanto antes para que llegue el siguiente partido. Con el tiempo todo se va olvidando, pero a mí, tres días después, no se me va de la cabeza
  • Declaraciones de Fernando días después del partido.
“Vergonzosa la actuación del Atlético de Madrid ante su público del Vicente Calderón. Pese a tener muchas cosas en juego, los rojiblancos se han visto claramente superados por un Barcelona que ya ganaba por 0-3 al descanso merced a los goles de Messi, Zambrotta y Eto’o. Luego serían Ronaldinho, el propio Messi e Iniesta los encargados de dar la puntilla a un equipo simple, sin ideas y que acabaría quedándose con un hombre menos por la expulsión de Fabiano Eller.”
  • Así de dura fue la prensa con el Atlético.

En julio fichó por el Liverpool y marchó a Inglaterra, donde esperaba triunfar y ganar títulos. Y lo hizo, aunque quizá no como él querría. Fue pichichi de la premier dos temporadas, ganó una Champions, una Europa League, y con la selección absoluta venció un Mundial y dos Eurocopas, pero su paso por el Chelsea con Mourinho, en el Milán y las lesiones, agotaron la chispa del genio que podía haber sido.campeondelmundo

Fueron siete años y medio hasta que regresó al Calderón. De nuevo en la que fue su casa durante tantos años, desde la grada y desde la hierba, se le recibía; aclamado por 45.000 personas que coreaban su nombre. Los niños preguntaban cuándo empezaba el partido, por qué había un hombre solo en el campo, por qué todos habían venido por él.14203790741461_997x0

Porque se lo merecía. Porque Fernando Torres fue un ídolo dentro y fuera del campo, como jugador Atlético y de otros equipos. Incluso lejos de su tierra (el Calderón), defendió los colores rojiblancos; nunca dijo una palabra más que de agradecimiento por su equipo, siempre lo apoyó, y eso, es lo que hacen los ídolos.

“Regresé al Atlético en busca de mi felicidad. Cuando era niño mi gran sueño era jugar en el Atlético de Madrid. Entonces lo conseguí y regresar siete años y medio después significó para mí hacer realidad otro sueño. Fue todo un honor jugar para Liverpool FC, Chelsea y A.C. Milan, pero una cosa me queda muy clara: como el Atleti no hay ninguno.”

Hoy la situación de Fernando es complicada, hace meses Cerezo reiteró que no se planteaban la compra del Nueve, atascado en el gol 100 en una sequía que desesperaba hasta a los más fieles. Pero la vida del delantero, más que la de cualquier otro jugador de campo, son rachas, y Torres supo salir. Ahora ha sabido sacar adelante al equipo con goles importante y ha vuelto a abonarse a enviar balones al fondo de la red; el último, cerrando el Calderón hasta la temporada que viene, ante el Celta.

La renovación es aún un tema tabú, del que no se hablará hasta después de la final de Champions, aunque ya se hayan confirmado renovaciones como la de Saúl y la de Tiago, aunque la afición lo tenga claro, y lo corea desde la grada cada partido defendiéndole como él hizo desde el primer día.

Fernando Torres se ha ido convirtiendo, poco a poco, en un mito para el equipo, que ha defendido el escudo aunque no le tocaba, que ha dado la cara por él y ha regresado porque no quería morir sin ganar un título con el atlético de Madrid.

En un Atlético que más que nunca se basa en las convicciones, en soñar, Fernando Torres es una pieza más, imprescindible en el bloque.torres-vio-porteria-camp-nou-1459883898417

Niño, que regresaste al Atleti para ganar un título, marca un gol en Milán, gana la Champions con nosotros, llévanos a la gloria como siempre hemos querido, porque un jugador como tú es el que necesita el Atlético, un jugador que, llueva o nieve, nunca deja de soñar.