Lealtad a tu club

¿Qué le debe un jugador a su antiguo club?

En cada sorteo de eliminatorias los periodistas se frotan las manos esperando el choque con más morbo: el antiguo entrenador y el club que ahora vuela sin él, el delantero y el equipo del que marchó en medio del odio y un gran barullo, el jugador que vuelve a pisar el césped donde corría desde antes de hacerse hombre… El cruce que levante más ampollas se ganará más líneas en la prensa que los equipos de mitad de la tabla.

Hoy es uno de tantos esos días en los que nos cuestionamos el porqué de esta situación. ¿Sienten los jugadores ese cosquilleo especial antes de volver a casa? ¿Es de verdad tan importante como dicen en los noticiarios? ¿Qué le debe un jugador a un club donde ya no milita? Son tan diferentes los casos en que un jugador se enfrenta a su ex equipo que es imposible generalizarlo, aunque cada vez sea más habitual el odio entre ex jugador y la grada.

Estos días se está hablando del respeto que un jugador le debe a su ex equipo. No se le pide que no marque, el gol sigue siendo su trabajo, pero sí hay una regla no escrita que dice que los goles a tu antiguo equipo no se celebran. Nadie lo ha dicho, no es una norma, pero es lo que se hace: enviar el balón al fondo de la red, agachar la cabeza, abrazar a tus compañeros y regresar a tu mitad de la cancha. Muchos de los jugadores incluso piden perdón por el gol, por hacer daño al equipo que tanto les quiso.

La pregunta de la semana quizá sea dónde está el límite, si es obligatorio no celebrar tu gol, si la costumbre ahora obliga a pedir perdón y no hacerlo es una falta de respeto.¿Es Ramos un traidor por tirar un penalti a lo Panenka en el Sánchez Pizjuán? ¿Y si luego pide perdón a la grada? ¿A una grada que lleva años pitándole y en una ocasión enarboló un cartelón diciendo “Ramos un apellido dos hijos de puta”? ¿Y que corea pidiendo tu muerte?

Quizá el respeto o la falta de ello lo dicta el trato que la afición dé en la ausencia, o la forma en que el jugador deje el club. O tal vez sea la moral de cada uno, si es o no una falta de respeto una espaldinha, un caño, jugar un rondo y adornar el juego cuando vas ganando. O puede que ésa sea ya una parte intrínseca alo que llamamos el fútbol moderno. Pero eso ya es otro tema del que hablaremos en otra ocasión.

No debería existir en el fútbol un jugador que olvide cuándo le debe a su antiguo equipo, que se burle, y desprecie lo que fueve tiempo atrás. Pero tampoco debería existir afición que haga pancarta ninguna en contra de un jugador, del equipo que sea. Que la grada pite, a los suyos, a los contrarios, al árbitro, pero nunca debería insultar a nadie.Y si lo hace, debería ser el club, y no la FIFA, el primero en limpiar de escoria su casa.

Y para vosotros, ¿cuál de las partes es la culpable?

El Real Madrid nos gana la Champions, otra vez

El Real Madrid nos ha arrebatado la Champions, otra vez.
No tengo palabras para describirlo.
Ya os conté cómo viví la final de Lisboa, hoy me faltan fuerzas.
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El Atlético salió como sale el Getafe, dormido, sin dar pie con bola, corriendo detrás. No hubo Atlético de Madrid hasta que Ramos (sí, otra vez él), nos marcó un gol.
Entonces el Atleti se vino arriba, pero con calma, y el Madrid, en un arranque de táctica a la vez excepcional y fallido, le cedió el balón. No sabían qué hacer con él, no era su juego, o eso decían las malas lenguas. El Atlético tuvo que hacer de Barcelona y el Madrid de Atlético.
Se hicieron con el balón, con una marcha de menos, dominaron e intentaron marcar durante 75 agónicos minutos.
Ramos estaba en todas, en defensa y en ataque, y la velocidad de Bale hacía agujeros de bala en la defensa en cada arrancada.
Carrasco entró en el descanso y habría sido el jugador del partido de no ser por el Santo, que desde que dejó la elástica merengue y viajó rumbo a Oporto ha estado buscando suplente. Ya encontrado, y uno extraordinario, en la figura de Jan Oblak, que salvaba la noche.
Torres provocó un penalti que Griezmann falló, mandándolo al travesaño.
Y siguieron luchando.
Pero no supieron marcar.
Y llegó la prórroga, y el Atlético, que parecía llegar más fuerte, se dejó dominar por el Madrid. Carrasco se diluyó ante un Danilo que no sabía por dónde atajarle. Filipe dijo basta y se retiró ante calambres, para que entrara el jovencito Lucas, y Correa se quedó fuera.
Simeone no quiso hacer más cambios que Thomas, y esta vez le entiendo. Estaban fundidos, pero estaban jugando los mejores, los que iban a sudar y llorar la camiseta, los que ganan finales.
Pero nadie supo ganar, nadie supo marcar.
Llegaron los penaltis.
Y Juanfran falló.
Igual que marcó ante el Bayern, igual que nos llevó a rozar la gloria. Qué cruel es la historia.
Y marcó Penaldo para llevarse la Undécima.
Sin acritud. Felicitaciones a los madridistas, se lo merecen.
A vosotros, Atléticos, nos leemos mañana, esto son sólo unas palabras objetivas, cuando aún abrazo la bufanda y me escuecen las lágrimas.
Pero no os preocupéis.
Esto no se acaba aquí.